Por eso no piden nada regalado sino oportunidades para trabajar y llevar un sustento a casa. Prueba de ello es que en la olla comunitaria todos ponen: un vecino ofrenda el agua potable, otra vecina ofrenda las ollas para cocinar los alimentos, otro vecino ofrenda los palos para la fogata, mientras que alguien más ofrenda los cubiertos limpios.
De la misma manera, quien puede aporta la cebolla, la zanahoria, el perejil, el cilantro, el plátano, el pollo, las mazorcas, el machete, los cuchillos, los vasos desechables, los guantes y los implementos para preparar comida.
Este punto de resistencia deviene plaza de mercado, símbolo de fuente inagotable de actividad y sustento de miles de familias colombianas, tanto rurales como urbanas. Quien no puede aportar nada en especie dispone su fuerza de trabajo.